La visión utilitarista, centrada en la economía y la tecnología desconectadas de los valores humanos, que se está imponiendo en la formación y orientación curricular de muchas Universidades y centros de formación del mundo, además de la visión condicionada por la búsqueda del enriquecimiento monetario rápido que se desprende de ciertos adoctrinamientos generados en relación con el coaching que asocia el éxito personal con el económico, muy de moda en ciertas empresas y estructuras de multinivel, está teniendo consecuencias. No podemos seguir mirando hacia otro lado, hacia nuestro interés individualista.

Regulación de ciclos vitales

Una parte de la selva del Amazonas, lleva varias semanas ardiendo. Este es uno más de los grandes incendios que están produciéndose en Brasil y en muchos otros países del mundo. Estos incendios son provocados, por la avaricia o por la estupidez humana ciega. Ya no es suficiente con endurecer las penas para los pirómanos. Los incendios siguen ocurriendo porque, como es el caso de la Amazonía, son también consecuencia de la deforestación, el cambio climático y la tolerancia de ciertos gobiernos y personas concretas de estos últimos, que se lucran a consecuencia de la explotación descontrolada de las reservas naturales del planeta. Pero el caso de la Amazonía ha terminado por encender las alarmas. Esta selva cumple un importante papel en la regulación del ciclo del carbono, el oxígeno y la reducción de algunos efectos del cambio climático.

El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) informó que entre enero y las tres primeras semanas de agosto hubo 71.497 focos de incendio, el mayor número para el período en los últimos siete años. Se incrementó en un 83 % respecto al mismo periodo de 2018. Y lo más grave es que más de 38.220 incendios se han registrado en la Amazonía, la mayor selva tropical del mundo, hábitat de millones de especies de fauna y flora y patrimonio ambiental de la humanidad. La ceguera humana, la falta de sensibilización con el desarrollo y equilibrio de la vida en el planeta, está produciendo cambios que, en algunos casos, no tienen vuelta atrás. Un reciente informe sobre deforestación muestra que en el mes de julio se perdieron más de 225.000 hectáreas de bosques en la Amazonía, sin contar con las que se están consumiendo por las llamas durante las últimas semanas. Esta selva había sido históricamente resistente a los incendios, debido a su alto grado de humedad natural.

Otros incendios, también de alerta

Pero no sólo es la selva. Las condiciones climáticas inusualmente cálidas y secas han provocado más de 100 incendios forestales en el círculo polar ártico desde junio. Los más severos han tenido lugar en Alaska y Siberia, donde los peores han llegado a cubrir una extensión equivalente a 100.000 campos de fútbol. Según Claires Nullis, portavoz de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), “El cambio climático, con el aumento de las temperaturas y los cambios en los patrones de precipitación, está amplificando el riesgo de incendios forestales y prolongando la temporada”. Mientras las temperaturas alcanzan marcas históricas en Alaska, desde la frontera con Canadá hasta el estrecho de Bering, el estado más septentrional de Estados Unidos ha registrado 354 incendios forestales en lo que va del año. Ambas circunstancias, el fuego y la intensa ola de calor, está provocando el derretimiento de glaciares, el desbordamiento de los ríos por el agua derretida que baja de las montañas, además de la toxicidad del aire, generada por el humo que sofoca a las ciudades próximas. Los incendios están provocando grandes columnas de humo, que han sido captadas por diferentes agencias espaciales del mundo. Este humo genera, además de la mencionada toxicidad del aire, para nuestras necesidades humanas, una forma de efecto invernadero que incide en el aumento de la temperatura media del planeta y como consecuencia también en el deshielo de los casquetes polares.

Los efectos del aumento del nivel del mar, debido entre otras cosas al deshielo de los casquetes polares, ya se está notando. En primer lugar, el agua invade cada vez más las zonas costeras, provocando la erosión del terreno y amenazando campos de cultivo, viviendas o zonas de ocio. También se están produciendo inundaciones de humedales y contaminación de acuíferos, que afectan a la flora y fauna de cada lugar. Esto provoca la pérdida de hábitat para peces, pájaros, plantas y muchas otras especies. Por otro lado, un mar con un nivel más alto provoca temporales, desata tormentas de gran intensidad y otros fenómenos atmosféricos de mayor envergadura. Esta es una amenaza para las poblaciones que se encuentren a su paso. Hay cientos de millones de personas amenazadas por vivir en comunidades costeras. Si el agua continúa subiendo a este ritmo, se verán obligados a abandonar sus hogares y mudarse a otra zona, con el correspondiente problema demográfico.

Conclusión

Como vemos, no podemos seguir negando lo evidente y buscando tan sólo el interés económico a corto plazo. Los millonarios y sus descendientes también sufrirán las consecuencias de esta ceguera. Es hora de actuar, cada cual desde su posición, conocimiento y posibilidades. Por nuestra parte, desde el Instituto de Educación en Valores, queremos abrir los ojos al problema y ofrecer soluciones, en el ámbito de lo personal y lo social, a través del desbloqueo emocional y la educación multicultural basada en valores humanos más allá de creencias religiosas, ideologías políticas e intereses económicos de minorías. Al desbloquear y superar nuestros miedos, aumentando la solidaridad y la empatía, podremos lograr juntos un futuro mejor.

Dr. Juan Antonio López Benedí




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