Dr. Juan Antonio López Benedí

Hay personas que trabajan como maestros, incluso los hay que tan sólo ocupan plazas para acumular sueldos vitalicios sin que jamás hayan ejercido en su labor pedagógica, al menos en justa correspondencia con esas plazas. Pero de vez en cuando hay alumnos que tienen la suerte de encontrarse con personas, tanto mujeres como hombres, que desde el aula tocan sus corazones con sus palabras, conocimientos, empatía y simpatía. Estas son de aquellas personas que ejercen en la educación por una gran vocación de servicio, independientemente del salario que precisan para vivir. Y a estas personas, que desarrollan autenticamente su profesión de maestros, quiero rendir ahora un sincero homenaje con estas líneas. Gracias a su labor, ayudaron a muchos chicos y chicas a convertirse en buenas personas, además de ejercer de manera digna o brillante sus respectivas profesiones, en cualquier área del conocimiento humano.

Yo mismo recuerdo haber tenido la suerte de encontrarme con alguien así, en la infancia y adolescencia; alguno de esos maestros que siguen hablando en mi corazón con una sonrisa agradable, que me reconforta en ciertos momentos, junto con su tono de voz y sus anécdotas. A muchos otros también agradezco sus conocimientos, pero de estos últimos casi ya no recuerdo sus gestos, su mirada o apariencia, en contraposición con quienes siguen estando presentes en mi recuerdo, como si el tiempo no hubiera pasado. Cabría preguntarse dónde está, en qué consiste esa gran diferencia que contribuye a amar el conocimiento por parte de quienes comienzan ese camino, al mismo tiempo que despierta la esperanza y el optimismo por seguir construyendo el verdadero mundo humano. Un mundo en el que las relaciones sociales fluyen repletas de valores silenciosos pero efectivos, en la sencilla convivencia del día a día; esa que te hace sentir tranquilo, seguro, entre amigos y vecinos.

Parece que la respuesta a esta pregunta nos llega a través de comprender y vivir la auténtica empatía y las habilidades sociales; los dos aspectos fundamentales de la inteligencia interpersonal. Pero también debe estar incluído en el paquete una buena gestión de las emociones y del estrés, junto con la capacidad de motivar. Así lo veo en mi recuerdo. Por más que busco, no veo personas de carácter agrio y gruñón. Así continúo sintiendo en mi corazón a esas personas que me siguen hablando dentro, con o sin palabras, pero siempre con dulzura y buenos consejos aunque haga ya muchos años que no haya vuelto a verlas y que seguramente han muerto ya. Pero siguen siendo maestros, maestras vivas, que dejaron sembrados valores eternos. Con ellos, con esas grandes personas, que tal vez nunca fueron reconocidas por ningún premio, queda mi eterna gratitud y homenaje de respeto.


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