ESTOICISMO, COHERENCIA Y VALORES

Por Juan Antonio López Benedí Ph.D.

Mi adolescencia estuvo marcada por las máximas de Marco Aurelio y las reflexiones de Séneca. Había algo en las propuestas del estoicismo que me hacía sentir con un propósito, con un sentido de autosuperación constante, en la búsqueda de un equilibrio interior necesario para contrarrestar mi timidez: básicamente el miedo que me suponía afrontar el mundo y me generaba una sensación de limitación, de incapacidad para hacerlo según las exigencias que percibía en mi entorno.

Tales vivencias emocionales son parecidas a las que experimentaron, y lo siguen haciendo, miles de jóvenes y no tan jóvenes de todo el mundo. Cada uno va buscando su refugio, su refuerzo y estrategias diversas de autoafirmación y supervivencia. Pero, por desgracia, no todos encuentran a tiempo herramientas y apoyos de gran calado, como los que yo tuve la suerte de encontrar en su momento. En la actualidad, la filosofía parece haber caído en desgracia en una gran parte del mundo occidental, deslumbrado por la tecnología, los procesos productivos economicistas y el ruido complejo de lo visual, auditivo y kinestésico, sin orden ni compás. Este último proceso caótico, adecuadamente incentivado, es el caldo de cultivo para la enajenación personal y social. Es difícil encontrar silencio para el diálogo interior, para madurar en la propia coherencia de objetivos vitales. Hay demasiada presión externa para huir de él; para huír de nosotros mismos. La cuestión es que si no tenemos objetivos y metas propias en la vida, hay muchos que están decididos a imponérnoslas, a través de fanatismos religiosos, contagiárnoslas a través del márketing social de la poítica o vendérnoslas a través de los múltiples aspectos con que nos deslumbra la “sociedad de consumo”.

Se dan también escapadas “espiritualistas” de lo más variopinto, bajo las banderolas de lo que se ha ido conociendo como “New Age”. Entre toda esa explosión, donde el autoconocimiento y la madurez personal parecen escabullirse, para buscar compensaciones químicas, farmacológicas, de creencias, ideologías o de otro tipo, audiovisuales y sensualistas, hay quienes comienzan a sentir añoranza por la ética, por el estoicismo y la serenidad filosófica de otros tiempos, como forma de auto-redención humana; como forma de rescatar los “valores” que, casi unánimemente, se dan por perdidos.

En uno de los aviones que recientemente tomé, en la revista que ofrecía la compañía aérea, me encontré con un artículo sencillo y curioso; un artículo que me llenó de un dulce aroma de sonrisa íntima. Hablaba del resurgir del Estoicismo, como escuela actualizada, en ciertas ciudades de los Estados Unidos de Norte-América. Pero tal vez haya personas que ignoren lo que fue (y es) el Estoicismo. Por ello, dedicaré unas líneas para refrescar la memoria en relación con tal movimiento filosófico.

Bajo tal denominación se conoce a una corriente de pensamiento fundada por Zenón de Citio en el lejano año 301 a.C. Su orientación estaba basada en la búsqueda del equilibrio, la sobriedad y la serenidad, a través del dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la vida. Para ello se valían de la valentía y el carácter personal, que progresaba por un discreto “camino medio”. Su objetivo era alcanzar la felicidad y la sabiduría, prescindiendo de los bienes materiales.

Durante el período helenístico adquirió mayor importancia; se puso de moda. Y se difundió por todo el mundo mediterráneo, con especial importancia entre las élites romanas. Sus “tiempos de gloria” transcurrieron entre el siglo III a.C. y los últimos años del siglo II d.C. Posteriormente fue perdiendo interés, coincidiendo con la descomposición social del Imperio Romano y el auge del cristianismo. Entre sus últimos pensadores destacados nos encontramos con Séneca, Epícteto y Marco Aurelio.

Como seña de identidad, recuerdo mis tiempos de estudiante en los que me transmitieron la imagen de aquellos antiguos filósofos caracterizados por la metáfora de una roca en mitad del mar, que las olas no podían abatir. Y en muchas etapas turbulentas de mi vida he de admitir que me sirvió de baluarte tal imagen de “serenidad inamovible” entre las tempestades de la vida. Tal vez, por eso mismo, a mi primera novela le puse el título: “Entre las olas”.

Dejaré algunas citas, a modo de ligeras brisas:

La sabiduría es la única libertad”.

La verdad se ofrece a todos y no es exclusiva de nadie; aún no ha sido descubierta del todo, mucha parte de ella quedó reservada para la posteridad”.

(Cartas de Séneca a Lucilio, Carta LXXXIX)

Lucio Anneo Séneca, llamado Séneca el Joven para distinguirlo de su padre, fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista.

“La dulzura, cuando es sincera, es una fuerza invencible.”

“La perfección de las costumbres consiste en vivir cada día como si fuera el último”. (Meditaciones, Marco Aurelio)

Marco Aurelio fue conocido como el último de los buenos emperadores romanos.

“El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos”.

“El origen de la filosofía es percatarse de la propia debilidad e impotencia”.

“Engrandecerás a tu pueblo no elevando los tejados de sus viviendas, sino las almas de sus habitantes”.

(Máximas, Epícteto)

Epícteto pasó una gran parte de su vida como esclavo en Roma.

Con la sugerencia de estos perfumes filosóficos en el aire, adecuados tan sólo para quienes mantienen activa su sensibilidad humana, pasaré a proponer la regeneración de un adecuado caldo de cultivo para el fortalecimiento de valores en nuestro entorno social. A través del Instituto de Educación en Valores, nos proponemos ofrecer herramientas para rescatar y construír objetivos vitales que nos ayuden a encontrar un reconfortante sentido para nuestras vidas, desde el respeto a la propia identidad, creencias, cultura, ideologías o deseos de posesión material. Rescatar lo que verdaderamente importa en la vida de cada persona es nuestro objetivo, para que todo lo demás, incluídas las satisfacciones materiales, profesionales, de reconocimiento y prestigio, nos permitan gozar, a ser posible cada día, de la mejor de las felicidades posibles: nuestra humana plenitud.


Deja un comentario