¿Cómo conseguir paz en nuestros corazones?

Por Juan Antonio López Benedí

Recientemente leí un artículo en el que se hablaba de la educación Soka. Este término, al parecer, significa en japonés “creación de valor”. Se referían allí a que tal denominación fue utilizada por primera vez por Tsunesaburo Makiguchi, en una obra titulada La pedagogía del sistema de creación de valor, que se publicó en 1930. Tal propuesta estaba dirigida a generar un sistema de enseñanza que enfatizara como meta vital la creación de valor, determinando que la felicidad debería ser el propósito principal de la educación. A través de ésta se debería facilitar que los estudiantes tuvieran vidas felices, contribuyendo a sus comunidades y manteniendo una relación armoniosa con los demás seres que compartían su entorno. Por supuesto, me identifiqué de inmediato con tal orientación y me pregunté por qué parecían haberse perdido ese tipo de consignas o enfoques sobre la orientación curricular de los sistemas de enseñanza actuales, donde se primaba la incorporación de procesos, conocimientos y usos de la tecnología, supuestamente para favorecer el acceso a un competitivo mercado laboral.

Cuando llegué por primera vez a la ciudad de El Paso (Texas), en abril de 2016, una de las primeras cosas que me dijeron fue: esta es la ciudad más pacífica de los Estados Unidos y Ciudad Juárez (Chihuahua) México, separada sólo por el muro de la frontera, es la ciudad más violenta del mundo. No tenía por qué dudar de tal afirmación. No tenía datos para contrastar sobre El Paso y de Ciudad Juárez si había leído en muchas ocasiones los problemas de feminicidios. Desde entonces he estado frecuentando con regularidad ambas ciudades. En ellas he presentado mis libros, he impartido talleres y llevado a cabo sesiones personales para el desbloqueo emocional. Muchas de las personas con las que me relacioné en El Paso provenían de Ciudad Juárez y me trasmitieron recuerdos de etapas de violencia en las calles, principalmente por ajustes de cuentas entre grupos de “Narcos”, que les hicieron cruzar la frontera para establecerse y poder vivir en paz, en un clima de respeto entre las personas y en relación con el entorno urbano.

En las elecciones presidenciales de 2016, en los EEUU, se promovieron en campaña una serie de declaraciones que, de forma directa o indirecta, reactivaron el discurso “supremacista blanco”. Uno de los objetivos del actual presidente Donal Trump ha sido desde el principio reforzar la frontera sur con un gigantesco muro para evitar la inmigración de mexicanos y latinos en general. Este discurso conflictivo con respecto a la inmigración se ha ido convirtiendo en el núcleo de la relaciones entre Estados Unidos y México, intensificado por varias oleadas migratorias muy numerosas que se fueron generando desde Centroamérica. Tales caravanas, provocaron muchos problemas, especialmente en los pasos fronterizos de Tijuana, hacia California y Ciudad Juárez, hacia Texas en los Estados Unidos de América. Los bloqueos fronterizos, ante la incapacidad de regular tales oleadas, han estado afectando seriamente el comercio legal por las retenciones para las compañías de transporte, con grandes camiones, además de las grandes filas de personas a pie o con vehículos particulares. Y se han ido generando reacciones. Entre ellas, la aparición de grupos voluntarios paramilitares fuertemente armados en el sur de Texas y Nuevo México. Finalmente, este 3 de agosto de 2019 se produce una masacre en la ciudad de El Paso, en una gran Plaza Comercial muy frecuentada por decenas de miles de latinos cada año, en la que resultaron muertas veinte personas y hubo según cifras oficiales de este fin de semana 26 heridos. Un joven norteamericano de 21 años, vinculado con los movimientos de la supremacía blanca disparó indiscriminadamente contra personas que en aquél momento -un sábado que suele utilizarse para realizar compras para la semana- se encontraban allí; en el acceso a dicha tienda y áreas inmediatas. Entonces recordé eso que me dijeron: El Paso es la ciudad más pacífica del mundo. Es obligado preguntarse ¿Qué ha pasado en estos tres años? Este hecho lamentablemente, en la misma semana, se ha multiplicado en otras ciudades de los Estados Unidos.

Con este artículo no pretendo acusar o buscar culpables en una región geográfica tan querida por mí. Pero me parece imprescindible reflexionar en profundidad sobre la evolución de los tiempos, no sólo en la frontera de México y Estados Unidos, sino también en Europa, África, Oriente Medio, por hablar de los lugares con los que he tenido vínculos más directos y he conocido; sobre qué tipo de discursos que se están desarrollando entre los diferentes líderes políticos y religiosos, los procesos de manipulación de personas inocentes que buscan mejores condiciones de vida, huyendo de guerras, pobreza o catástrofes naturales y que parecen ser la “carne de cañón” para diferentes mafias, líderes, ideologías racistas, de integrismo religioso, neoliberalismo agresivo, que han producido caídas radicales en las orientaciones humanistas, justificadas por el progreso tecnológico y comercial, donde las personas parece que importamos cada vez menos, fuera de las bases de datos de clientes potenciales, para lo que sea, incluido el gran negocio de la venta de armas.

¿Será que el mundo se ha vuelto loco y se dirige a su autodestrucción, como dicen algunos? Pero insisto en que no pretendo buscar culpables ni acusar ni mucho menos caer en retóricas paranoicas. Lo que verdaderamente me interesa es plantearme ¿qué puedo hacer? ¿Qué podemos hacer para cambiar este rumbo? Porque, paralelamente a toda esta situación de caos, cuando yo hablo con personas concretas, en diferentes países, todos quieren vivir en paz, desde la mejora en las relaciones, los sentimientos y la afectividad humana. Me sorprende tan intensa paradoja.

Desde mi apuesta y compromiso personal, encauzado a través del Instituto de Educación en Valores, principalmente, participo en programas de radio y televisión, en las redes sociales, hago propuestas en escuelas públicas y privadas, empresas y Universidades, para construir relaciones de valor entre las personas; desde el desbloqueo individual, la formación eficaz en la gestión de las emociones de forma socialmente pro-activa y las ofertas de colaboración con diferentes grupos de profesionales, personas sensibilizadas en el voluntariado para la construcción de la Paz, la felicidad, la convivencia y la comunicación no violenta, a través del arte, la educación, la reflexión filosófica, la neurociencia, la consultoría empresarial y la sana amistad. Hay mucho trabajo por hacer. No sé si podremos solucionar a corto plazo los problemas que personalmente me inquietan en cuanto a la falta de respeto y valor por la vida de las personas, así como su integridad física, emocional e intelectual. Tengo confianza y seguiremos apostando para lograr desde diferentes orientaciones y metodologías esa creación de valor (Soka como dicen los japoneses), con un sentido de integración multidisciplinar compleja, orientado al bienestar profundo de cada persona y el logro de la felicidad.

Artículo originalmente intitulado: Educar en valores para la Paz.




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